sábado, 13 de septiembre de 2008

VERICUETOS


Ayer me metí en la lavadora. La vi abierta, cargada de ropa, y no pude evitar entrar a echar un vistazo. A mí es que la ropa amontonada me apasiona. Actúa como de colchón mullido. Ideal para revolcarse.

Ya he dicho muchas veces que yo es que me meto en todas partes. Es una de las principales ventajas de ser gata. Que te metes donde te da la gana. No como la perra del vecino, que con sus treinta y pico kilos, aún gracias que puede meterse en su caseta.

Ya digo, la agilidad es patrimonio nuestro. Saltas hasta donde quieres, te cuelas donde te sale de las narices. Ideal, vamos, y no es porque yo lo diga.

Un sitio que me atrae profundamente, por lo prohibido, es el garaje. Me tienen ultrarrestringida la entrada. Es que cuando me cuelo, lo primero que hago es meterme debajo del coche. Y claro, se lían con un palo de escoba a ver si me hacen salir. Me puedo tirar así un cuarto de hora. El calvo pilla unos cabreos que te cagas.

Y por cierto, que me llevé otra bronca por esparcir la arena por la cocina. Es que, cuando me la cambian, es verla tan limpia, con ese olor a nada, que de la pura excitación, me lanzo dentro a revolcarme y los granitos salen despedidos a varios metros de distancia. Y ya tienes al calvo gritando.

Yo creo que lo que le pasa es que está amargado.

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2 comentarios:

Anonymous La Rubia ha dicho...

Ten cuidado con la lavadora. No respondo si algún día te encierro ahí por error, activo la máquina y acabas como el pompón de la Pantera Rosa :)

14 de septiembre de 2008, 16:50  
Blogger MINA ha dicho...

No me extrañaría. Si el calvo en cinco años no ha conseguido que mires en los bolsillos de los pantalones antes de lavarlos...

14 de septiembre de 2008, 17:43  

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