miércoles, 8 de octubre de 2008

SILENCIOS


Esta vez me he superado. Te explico: ya sabes que me gusta quitarme el collar a la que puedo, por el coñazo del cascabel. Pues bien, cuando me lo quito, lo escondo donde primero pillo, para evitar que el calvo vuelva a enchufármelo a la primera de cambio. Lo malo es que siempre lo encuentra, y hala, otra vez el puto tilín.

Pero hoy, lo he escondido lo que se dice bien escondido. Ya te digo yo que no lo encuentra. Y ahora, si quiere cascabel, que compre otro. Que éste, con lo gandul que es, con tal de no salir de casa, me veo libre de tintineos hasta el siglo que viene. Eso que gano.

La verdad, en algo sí que tiene razón: estoy destrozando el sofá. Como te lo cuento. Cuando me aburro, me pongo a hacerme las uñas, y estoy dejando los brazos que da pena verlos. Pero mira, te lo digo: cuando siento venir el remordimiento -no soy de piedra-, lo combato pensando que si quieren gata, que apechuguen con las consecuencias. Ya me dirás tú dónde se ha visto un félido que no arañe los muebles. Es algo innato, la misma palabra lo dice.

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