viernes, 19 de septiembre de 2008

AMBIENTES


Ayer, los panolis me trajeron un rascador. Que no es propiamente un rascador, sino un cuenco de bambú del Ikea. El calvo es que está enganchado al Ikea. Como se las da de finolis, ya sabes, pretende tener mano para la decoración. Pretende tantas cosas...

A lo que iba: que es muy del calvo dar a los objetos un uso distinto al que originalmente deberían tener. El cuenco, mismamente. Ya me dirás tú qué pinta un cuenco como rascador. Pero bueno, tampoco pintan nada dos mesitas de jardín como mesillas de noche y bien que las tiene.

En el fondo, me lo han comprado porque es barato. Los tengo más que calados. A veces los he escuchado discutir sobre lo caros que son los rascadores auténticos. Y que son bastante feos, según ellos. Yo, ni entro ni salgo: nunca he visto ninguno.

Es que lo de las uñas se va conviertiendo en un problema, ya lo he dicho alguna vez. Es curiosa la sensación de que te vayan creciendo armas en las manos. Entre eso y que ya tengo bastante fuerza, un arañazo mío empieza a tener carácter preocupante.

Igual van a tener razón y me conviene darle al bambú. También por lo relajante. De vez en cuando me entra como una ansiedad que no sé de dónde sale. A lo mejor, rajando el cuenco me desestreso. No pierdo nada por probar.

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2 comentarios:

Blogger goooooood girl ha dicho...

So good......

19 de septiembre de 2008, 17:15  
Blogger MINA ha dicho...

Thx :)

19 de septiembre de 2008, 20:14  

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